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Puedes acariciar a la gente con las palabras.” Francis Scott Fitzgerald
 
 
 
Hace unos días tuve la oportunidad de vivir un tiempo de calma y reflexión, de retiro, para profundizar y conocer más sobre mí, en un lugar mágico “el espacio Azala”. Fueron dos días de tranquilidad y trabajo interior con un grupo de personas especiales.
Antes de comenzar nuestro trabajo creamos una Alianza con la intención de lograr un espacio seguro, de confianza y que nos permitiera a todas las personas que allí estábamos vivir esa experiencia de forma consciente, creativa y auténtica.
 
Uno de los puntos de esa Alianza era: “Sé implecable con tus palabras”
 
Un acuerdo que a simple vista no me pareció muy transcendente, pero que después de alguna experiencia anterior y de los días de retiro me resuena con mucha fuerza y cada vez de manera más consciente entiendo como algo de suma importancia.
 
Me he dado cuenta de lo esencial que es ser Impecable con las palabras. Y es que son éstas las que crean realidades, nuestra realidad o como dice Mario Alonso Puig en su libro Reinventarseen apariencia, las palabras son simples signos que se corresponden a unos sonidos, pero en realidad son conexiones directas a mundos emocionales personales, íntimos e intransferibles“.
 
Nuestras palabras, lo que decimos (y también lo que no decimos) y cómo lo decimos tiene un impacto en nosotros mismos y en los demás. Tomar consciencia de este impacto ha hecho que asuma mi Responsabilidad con respecto a mis palabras, a lo que digo y a cómo lo digo. Soy responsable de lo que me digo cada día, de cómo me trato, del lenguaje positivo o negativo con el que me dirijo a la persona más importante para mí, yo misma. Pero también soy responsable de qué palabras dirijo a los demás, del impacto que estas tienes en ellos y ellas…y es que existen personas tóxicas por su actitud victimista, irresponsable, cobarde…pero también existe el lenguaje tóxico y es aquel que hace daño, que falta al respeto, que acobarda, que hace pequeño a quién lo escucha, que critica, que juzga, que hiere…
 
“Lo indecible, lo difícil de decir, puede decirse simplemente callando” Jose María Toro
 
Por eso yo quiero desde hoy, en este blog y en mi vida a partir de ahora, hacerte una promesa: Prometo ser impecable con mis palabras. Prometo pensar en lo que (me) digo y cómo (me) lo digo antes de hablar, en usar mis palabras con la intención de juntos, crear, sumar, buscar el diálogo constructivo y la palabra que apoya, que sostiene en los momentos de dificultad, que acaricia y acompaña en momentos de dolor, de reflexión, de inquietud, de júbilo…que busca la belleza, la armonía, que motiva, que transmite amor, compasión, alegría, serenidad, autenticidad. Y prometo callar cuando no tenga nada que decir o cuando lo que quiera expresar sea tan grande que sólo el silencio alcance a transmitir lo que siento…Y te invito a tí mi amigo, mi amiga a unirte a este acuerdo, a que cuides de tus palabras, las mimes, a que hables/te hables desde el amor y el respeto con palabras que ayuden a crecer, a crear, a vivir en armonía y paz.
 
¿Te sumas a esta Alianza? yo te prometo…Se Impecable con mis Palabras.
 
Me despido por hoy con este cuento zen que expresa muy bien el poder de las palabras y un video que…mejor callar.
 
Hace muchos años existía un samurái que creía tan fielmente en sus propias palabras que era capaz de enfrentarse en duelo a cualquiera que lo contradijese. Nunca había perdido ningún combate.
 
En una ocasión acababa de llegar a un pueblo y vio como todo el mudo iba en masa en una determinada dirección, paro a uno de los aldeanos y le pregunto: – donde vais todos.
El aldeano le dijo muy educadamente – Vamos a escuchar al maestro Wei-
 
¿Quién es el maestro Wei?- repuso el samurái
-El maestro Wei, es el maestro más famoso de toda esa región- Al oír esas palabras, el samurái sintió un poco de curiosidad por saber quién era ese maestro por el cual todo el mundo había salido de sus casar para ir a escuchar.
El maestro Wei era un anciano bajito y delgado que prácticamente ya estaba en sus últimos años de vida.
 
Segundos después de llegar todo el mundo el maestro Wei empezó a hablar:
-El hombre ha creado a lo largo de los años muchas armas poderosas, pero para mí la más poderosa de todas es la palabra.
 
El samurái muy enfadado por lo que acababa de oír dijo: -solo a un loco aciano como tú, se le ocurriría esa sarta de estupideces.- En eso que saco su espada y dijo:- no hay nada más poderoso que el filo de una espada.-
 
Entonces Wei le miro a los ojos fijamente y dijo: – Es normal que un patán como tú diga eso, solamente eres un hijo de perra sin estudios, que no conoce más mundo que la violencia.
En el momento que el samurái escucho esas palabras su cuerpo se encendió, perdiendo el control de su mente, se dirigió rápidamente a donde estaba el anciano.
 
-Anciano vete ya despidiendo de tu vida, porque acaba de llegar a su fin.-
 
Entonces inesperadamente Wei se inclinó y comenzó a disculparse:
-Noble guerrero perdone la vida de este anciano. Solo un hombre mayor y cansado podría tener un desliz hacia su persona, ¿podrá perdonar la vida a este aciano, que por su locura pudo ofenderle?
 
El samurái se paró en seco y dijo:
Claro que si gran maestro Wei , acepto sus disculpas.
 
En ese instante el maestro Wei le dijo:
Amigo mío. ¿Son o no poderosas las palabras?

4 Comentarios

  1. Julia septiembre 21, 2015

    Gracias a tí Montse, por tu consciencia y coherencia. Besos amiga.

  2. Julia septiembre 21, 2015

    Ser conscientes de lo que decimos y cómo lo decimos, a los demás y a nosotros mismos, cambia la manera de ver las cosas…Nos responasabiliza del impacto que creamos y eso es un gran paso. Enhorabuena por ello Jose Luis. Un abrazo

  3. Montse Martínez septiembre 21, 2015

    Ser consciente de las palabras que nos decimos y que decimos y del silencio, que gran palabra. Quiero tenerlo presente, que no se me olvide. Gracias mi querida Julieta.

  4. jlsordo septiembre 21, 2015

    Estoy muy de acuerdo contigo en la importancia que tiene lo que decimos y la diferencia tan grande que puede haber según cómo lo digamos. Últimamente me fijo bastante en mi propio lenguaje, y se aprecian diferencias notables en la percepción de las cosas según te refieras a ellas.

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