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Somos muchas las personas que llegado un momento de nuestra vida, sentimos que queremos cambiar, avanzar, hacer las cosas de otro modo…no sé, queremos salir del aburrimiento, de la vorágine en la que nos hemos metido, vivir la vida con entusiasmo, salir de los dramones del día a día a los que nos enganchamos, en definitiva, queremos dejar de sufrir. Soltar lastre, vivir la vida desde otro sitio, más ligera, tranquila, salir de esa rueda del hámster en la que estamos metidos y que nos hace repetir una y otra vez lo mismo. Pueden cambiar los personajes, el escenario, pero el problema de fondo sigue siendo el mismo.

Y es en este momento, cuando comenzamos a buscar respuestas. La pregunta ya está lanzada: ¿Y si hubiera otra forma de vivir más consciente, sin tanto sufrimiento? Sufrimos por tantos y tantos miedos que están grabados en nuestras células, miedos en la mayoría de los casos infundados, pero miedos al fin y al cabo y con el miedo…con el miedo no se juega. Es la emoción más básica, la que está por debajo de cualquier otra emoción, de la rabia, de la frustración, de la tristeza, de la euforia, del odio, de la envidia, de los celos…por debajo, si rascas un poquito, siempre hay miedo. Y el miedo nos hace sufrir. Porque nos paraliza, nos hace sentir pequeños, nos vuelve dependientes, inseguros, competitivos, hace que vivamos comparándonos, buscando falsas seguridades (títulos, posesiones…), tratando de llenar un vacío que nos asusta tanto, haciendo lo que sea para sentirnos queridos, valorados…eso hace el miedo…cuando lo validamos. Cuando luchamos porque se vaya, por no sentirlo, cuando lo ignoramos.

Y no nos damos cuenta de que el miedo (al igual que todas las emociones) es como un niño pequeño que tan sólo quiere que le veas, le escuches, le atiendas. Y al igual que el niño, cuando se siente sentido, atendido, el miedo, al ser visto, baja su intensidad, disminuye esa carga emocional y es entonces cuando te trae el mensaje que tenía para ti. Porque esa es la función de las emociones, darte una información acerca de ti y tu modo de percibir lo que pasa. Esa, nada más.

¿Sabes que tu mayor miedo es también tu mayor deseo? Y cuando te atreves a dar ese paso hacia esa intuición que estás teniendo, que te dice que avances, que des un paso mas…¿Sabes que el miedo te informa de que lo estás haciendo muy bien? sólo que tu cuerpo, que es más lento, necesita adaptarse a esa nueva situación, en la que ya no está tan cómodo, le has sacado de esa zona donde se sentía tranquilo, no había incomodidad…y ahora vas tú y te atreves a hacer eso que desafía tu biología…es normal que tu cuerpo sienta el miedo…pero cuando eso ocurra ¡felicítate, lo estás haciendo muy bien! Tan sólo tienes que dar a tu cuerpo un poco más de tiempo para que se vaya “aclimatando” a esa nueva situación (como el cuerpo de un montañero que va a escalar un 8000, por ejemplo; necesita ir subiendo y bajando del campo 1, 2, 3…para que su cuerpo se vaya adaptando a esa falta de oxígeno que tendrá por motivo de la altitud).

Y no es lo mismo sentir miedo y luchar para que se vaya, porque no queremos sentirlo, que cada vez que sintamos ese miedo en nuestro cuerpo por algo que queremos hacer, por ese reto hacia el que queremos ir, por esa nueva situación que se nos presenta…en ese momento en que nos paremos a sentir nuestro miedo, le digamos al cuerpo, adelante, estoy contigo, sé que estás aclimatándote y necesitas tiempo, no pasa nada, poco a poco (como hablarías a un niño que está aprendiendo a hacer algo nuevo) y entonces no querremos que el miedo se vaya, tan sólo sabremos que lo estamos haciendo muy bien, que ese es el camino, que el miedo es tan sólo una señal que nos indica que vamos bien!! ¿Qué diferente verlo así, verdad? Aquí ya no hay carga, sufrimiento. Desde aquí el miedo es sólo un indicativo de que estamos creando un nuevo futuro, ya no hay rueda del hámster, algo en ti cambia, hay avance, expansión. Y poco a poco ese miedo desaparece, el cuerpo se habitúa a su nuevo escenario…hasta que llegue el momento de un nuevo avance. Hasta que tu intuición te invite de nuevo a vivir en la incomodidad, en dar otro paso para crear tu vida, eso sí, cuanto más practiques, más rápido será todo el proceso y llegará un momento que no será tan importante el resultado, sino que disfrutarás de cada sentir, de ese miedo amigo, de todo el proceso que te lleva hacia tu excelencia.

Para que esto ocurra, sí que es importante que recuerdes tres palabras que harán que esto sea posible:

  1. Actitud. Es básico. Para cambiar algo, para caminar hacia tu excelencia, lo primero es querer hacerlo. La actitud es clave en este camino. Y lo digo porque muchas veces queremos algo, pero no estamos dispuestos a hacer nada para conseguirlo. Antes de comenzar a caminar hazte esta pregunta: ¿Para qué quiero hacer esto? Si tu respuesta no te entusiasma, no es motivadora, no lleva a que des lo mejor de ti, puedes intentarlo, pero tu motor es un motor de muy pocos caballos, es probable que te fundas y abandones pronto. De la respuesta que des a tu “para qué” dependerá la fuerza de tu actitud.
  2. Somos creadores de nuestra vida, creamos a través de nuestros pensamientos, que son energía. Y allí donde pones tu atención, pones tu energía y creas. Con lo cual, es muy importantes ser consciente de los pensamientos que estás regando cada día, esos en los que te enfocas, porque eso es lo que estás creando en tu vida. Si crees que puedes, estás en lo cierto, si crees que no puedes, estás en lo cierto. El camino hacia la excelencia, hacia esa cima, requiere de actitud y también de foco. No hay nada en esta vida que podamos controlar, salvo nuestros pensamientos. Por lo tanto y te aseguro que es muy poderoso, enfócate en aquellos pensamientos que quieres regar cada día, eso será lo que crezca en tu vida.
  3. Constancia: en estos tiempos en la que lo queremos todo para ya, donde buscamos herramientas rápidas para conseguir aquello que nos proponemos, no está muy de moda la constancia. Y es clave a la hora de vivir con excelencia. No hay fórmulas mágicas, no hay soluciones rápidas (pueden ser tiritas, pero a la larga, la herida sigue sin curarse), no te engañes, no lo hay. Como todo, es necesario practicar, ser constantes. ¿O alguien ha conseguido un abdomen tonificado yendo un día al mes al gimnasio o tan sólo en una semana? ¿cómo aprendiste a conducir, con la primera clase? ¿cómo adquiere un profesor, maestro, abogado, médico, etc, experiencia en su trabajo, yendo un solo día a trabajar o con un par de clases magistrales? Todo requiere de práctica, de constancia. Y en este camino hacia tu excelencia, también.

 

Lo bonito de esto es que cuando aprender a verlo con amor, cada paso dado, cada avance, es un paso tan maravilloso…y cada caída, que las va a haber, es tan solo un motivo para volver a levantarte, seguir adelante, aprender, continuar. Y es entonces cuando lo más bonito no es llegar, sino todo este camino, que en definitiva, es la vida.

PD: Lo bueno de esto es que para practicar no necesitas ir a clases particulares, o lugares concretos, tienes el mayor gimnasio para practicar, disponible a cualquier hora, en cualquier lugar y momento del día, te vale cualquier escenario, todos son perfectos para que entrenes, es gratuito…ya ves no tienes excusas. ¿Sabes cual es? Es la vida, vivir. El mayor gimnasio del mundo, a tu total disposición para que entrenes el arte de vivir en plenitud, con bienestar, de camino hacia tu excelencia.

¿Te apuntas conmigo?

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