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El motor del Liderazgo_Julia de Miguel

¿Qué es aquello que hace que identifiquemos a un auténtico líder consciente?

El motor que lleva, más bien la potencia, los CV de ese motor.

Un líder es una persona que dirige, en primer lugar, su propia vida y después, dirige, lidera, a un equipo. Es una persona con autoridad, compromiso. Un líder tiene que brillar, irradiar una luz propia que apunte hacia dónde ir, acompañando. Un líder es quien brilla y así es capaz de ver el brillo y el potencial de quien acompaña y con su luz, enseña a brillar al otro.

Para poder acompañar a un equipo, donde existe diversidad de personas, formas de ser, hacer, percibir la vida, se necesita un motor potente. Un motor que pueda tanto acompañar a personas que van con un motor de 21 CV, como un seiscientos, motores un poco más potentes, un todoterreno o un coche con motores de 100 o más CV. Es decir, un líder necesita el motor de un Ferrari. Sin ese motor, el líder va fundido, se agota, no llega.

¿Qué hace que el motor de un líder sea de alta o baja potencia? El entusiasmo.

El entusiasmo es el estado natural del ser humano. Sólo hay que observar a un bebé o un niño pequeño. Vive conectado a ese entusiasmo, es pura energía, movimiento, alegría. Nacemos en total conexión con ese estado de entusiasmo. Es nuestro hábitat natural.

Entonces…¿por qué me siento agotada al final del día? ¿Por qué me levanto cansado/a? ¿Por qué estoy estresada/o? ¿por qué si acabo de volver de vacaciones necesito de nuevo otras? ¿Por qué me sobrepasa mi responsabilidad? ¿Por qué todo son problemas y mis emociones suelen ser de enfado, frustración, desánimo? Porque nos hemos desconectado de ese estado. Estamos haciendo cosas que no son propias de cada uno de nosotros, en esencia.

¿Qué cosas de tu día a día estás haciendo y no son propias de ti, no van contigo, pero las haces de manera tan automática que apenas eres consciente de ello?

Si te paras a pensar para qué haces las cosas, para qué estás trabajando, para qué estás liderando un equipo, qué te mueve a levantarte e ir al trabajo…¿qué es, con total sinceridad, lo que te mueve? Estamos tan acostumbrados a movernos desde el esfuerzo, el “porque hay que hacerlo”, “por dinero” “porque me vendrá bien para después llegar a …” “porque si no qué hago”…”porque me hace sentir bien el ser útil” “porque me evado de lo que tengo en casa”…”porque no hay otra cosa”…. En todas estas respuestas, el motor que va a hacer que te muevas, que vivas, es un motor de seiscientos. Hacer las cosas desde la necesidad, la obligación, el esfuerzo puro y duro, la exigencia, te lleva al miedo y como consecuencia, al agotamiento, el estrés, la ansiedad o la desidia.

El motor del entusiasmo lleva la marca del disfrute. Y disfrutar es dar sin frutos, sin expectativas, darte, ser en cada momento.

No podemos forzar vibrar en entusiasmo, es algo que brota sólo, que se da de manera natural. Y para que esto brote, hay que buscar y practicar, en nuestro día a día, aquello que nos encanta hacer. ¿Qué te encanta hacer? Pregunta que no siempre es fácil de contestar…por lo acostumbrados que estamos a vivir con esfuerzo, a dejarnos para luego, a priorizar a los demás antes que a mí. Un líder consciente sabe, que tan importante como una cita en su trabajo, una reunión con un padre o madre, en el caso de un profesor/a…etc. es una cita con él/ella misma. Igual de prioritaria. Priorizarse es comprometerse con uno mismo/a y eso es ser autoridad. La autoridad del líder consciente requiere de compromiso, en primer lugar, con ella/a (ser de confianza), después, vendrá el compromiso con su equipo, de manera natural.

Que en tu día a día se den esos momentos de conexión con el entusiasmo (unos lo encontrarán haciendo deporte, bailando, con la música, el arte, el punto de cruz o lo que sea que pare la centrifugadora de la mente y te lleve a ese estado de tu niñez donde fluías, no había tiempo ni espacio…tan sólo eras en ese instante, sin mente) con tu niña/o interior. No podemos ser adultos felices, con motores potentes, capaces de liderar equipos funcionales, motivados, excepcionales, si llevamos motores de bajita potencia. Si tu niño/a interior está triste, aburrido, apático…y es de ahí de dónde sale el entusiasmo ¿qué esperas del adulto? ¿Cómo no va a estar fundido, agotado, con desidia? Será una persona que llegue cada día a casa con la lengua fuera, estresado, sufriendo por el nuevo día, esperando de nuevo esos apenas 30 días de vacaciones…y no me estoy refiriendo tan sólo al liderazgo en empresas, esto es perfectamente aplicable al profesorado en el aula, a padres y madres que llegan a casa y no pueden más…etc.

Si estás acompañando a personas, bien en tu vida profesional, personal…tu motor tiene que ser de gran potencia. Por ti y porque así estarás enseñando a quien acompañas a hacer lo mismo, a vivir conectado a ese motor que hace que la vida fluya, sea disfrute. Cuanto más te conectes diariamente a ese entusiasmo, todo aquello que venga después lo harás desde otro lugar, te lo aseguro. El entusiasmo comenzará a ser tu estado más habitual, natural.

Y para esto, no hay nada que añadir, más bien, se trata de quitar. Capas y capas de necesidad, tengo qué, exigencia, juicios, obligaciones por el qué dirán, miedos…que vienen de nuestra mente y que nos hacen percibir lo que ocurre con tensión, miedo, esfuerzo. Conectar con el entusiasmo, dejar caer esas capas es ser genuino/a. Los niños y niñas son genuinos, naturales, de ahí que el entusiasmo y la creatividad sea algo también natural, brote de esa genuinidad. (Te invito a que observes a un niño/a jugando, es pura presencia, disfrute. No tienen expectativas, ni busca resultados concretos, sólo juega, disfruta, está, ES)

Te dejos unos tips que a mí me sirven y me están ayudando a identificar el motor con el que vivo mi día a día y a que ese entusiasmo brote de manera natural:

– Pon atención a tu plano físico. Todo habla de ti y todo te puede ayudar a que lo que hagas, lo hagas con entusiasmo o con desidia…observa tu casa, tu despacho o el aula donde das clase. ¿Cómo es? ¿Te gusta cómo está decorado, los objetos que hay en ese espacio? ¿están en sintonía contigo? ¿Hay orden en ese lugar? ¿Cómo comes? ¿qué ropa llevas, te gusta su textura, te sientes cómodo/a con ella, te identificas con ella, te sientes a gusto? Todo esto no sólo habla de ti, sino que a veces, atendiendo y cuidando este plano, puedes conectar con ese entusiasmo. Los espacios permiten que pongamos el foco en lo que queremos o nos desconectan. No es lo mismo trabajar en un lugar acogedor, con luz natural, con orden…que en la cocina de casa con la lavadora puesta o en un cuarto desordenado sin apenas luz y con ruido todo el tiempo.

Por lo tanto, en primer lugar, revisa tu plano físico: espacios, orden, luz…etc.

–  Haz una lista de cosas que te encante hacer, que disfrutas muchísimo haciendo. Incluye aquellas que te encantaba hacer cuando eras pequeño/a (esto es conectar con tu niña/o interior y atenderle, cuidarle) y elige alguna de ellas para incorporarlas en tu día a día. Sin ninguna expectativa, tan sólo hazlas por el placer de hacerlas. Y márcalas en tu agenda con el mismo color con las que marcas esas citas preferentes y prioritarias (tienen el mismo o más valor que las otras) Si quieres llevar un motor de Ferrari, esas citas contigo mismo/a son de vital importancia.

– Cuando vayas a hacer algo, primero pregúntate: ¿Para qué voy a hacerlo? ¿qué energía lleva esto que voy a hacer, decir…? ¿Es una energía de necesidad o de entusiasmo? Si es de entusiasmo, adelante! Si no lo es…párate, observa el pensamiento que lleva esa energía (emoción). La emoción es energía que trae información. Esa información son pensamientos. Cuando ese pensamiento es de juicio, exigencia, obligación…desde ahí la potencia de tu motor…ya sabes, flojita. Por lo tanto, párate y elige hacerlo desde otro lugar. Y ese otro lugar es hacerlo disfrutando, dando lo mejor de ti, dándote sin más expectativas. Por lo tanto, antes de entrar a una reunión, de comenzar una clase y abrir la puerta de tu aula, de coger el ascensor que te lleva a casa, párate. Date un minuto para responder a esta pregunta ¿Qué perfume llevo puesto ahora mismo? El perfume que llevas es responsabilidad tuya. Y recuerda que no son las palabras (puedes haber preparado en mejor discurso del mundo) sino tu energía, tu perfuma (desde dónde dices o haces) lo que llega al otro. Y éste responderá a tu perfume, a tu vibración, no a tus palabras.

A mí me ayuda, cuando estoy haciendo algo o cuando voy a impartir una formación o comenzar una sesión de coaching o incluso crear un nuevo proyecto, hacerme esta pregunta: ¿Qué perfume estoy emanando en este momento? Es decir, voy desde el miedo, la necesidad, la obligación, la exigencia (y entonces el perfume será de esos baratos y que más que atraer, echan para atrás al que lo huele) o… ¿es un perfume de disfrute y entusiasmo? Te aseguro que la acción no será la misma, el perfume es determinante. Un mal perfume hace que los demás vibren en lo mismo, un buen perfume, un Chanel n5 (por ejemplo) es atractivo, expansivo, te conecta, nos conecta.

Cada vez que vayas a emprender una acción, para y chequea tu perfume. Eso es madurez y responsabilidad. Eso es liderazgo consciente

Te invito a que practiques y pongas en marcha ese motor de entusiasmo. Porque eso sí, este motor necesita de práctica diaria, constancia, actitud.

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