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Sigue, corre, no pares…ya es hora de llegar. Conseguir tu meta, alcanzar tus sueños ¿a eso se supone que hemos venido aquí, no? A ser nuestra mejor versión, a llegar a la excelencia, a lograr nuestros objetivos. Y a veces, con tanto trajín de hacer, buscar, seguir, mejorar…me agoto, me fundo y me paro. Y entonces llega la culpa y esa sensación de quedarse parada sin nada que hacer, de no avanzar, de estar perdiendo el tiempo. Hasta que alguien que te quiere te pregunta ¿y dónde quieres llegar, qué quieres alcanzar? y mira tú por donde, no sé que contestar. Sé que hay que ir hacia algún lado, que hay que llegar a algún lugar…y no sé cual es.
Y de repente (aunque sé que nada es de repente) comienzas a preguntarte, dudas, de lo que antes para ti era una certeza, estaba gravado en tu cabeza, en tu GPS…¿y si no hay que llegar a ningún sitio? ¿y si la vida no va de eso? por que ¿para qué quieres llegar? si ni siquiera sabes lo que quieras, para qué tanto esfuerzo en seguir, hacer, superarte, demostrar. Si cuando crees que ya has llegado, ese vació, aunque desapareció por

un rato, vuelve a estar ahí y entonces sabes que aún no, que no debes haber llegado porque no te sientes plena, que “hay que seguir”, que ese lugar está “mas allá”.

 

Y de nuevo la misma pregunta ¿y si la vida no fuera de esto? ¿Y si no hay ningún sitio al que llegar, nada que conseguir? Y si en lugar de vivir tratando de atrapar el futuro, agotada de tanto correr, hacer, frustrada por no alcanzarle nunca, la vida resulta que va de vivir, de experimentar y en ese vivir, verse. Sí, verme, observar lo que en cada experiencia siento, pienso, en cómo lo vivo. Así sin mas artificios, sin juicios, ni dramas, sin etiquetas, sin “es que”, sin carga.
Vivir despierta, reconociéndome en cada experiencia, en todas, sobretodo en esas de mi día a día, cuando alguien me contesta sin haber preguntado, cuando una sonrisa se cruza con mi día triste, cuando un grito sale de mi boca y la cara de mis hijos se apaga…cuando me miro en tus ojos y siento amor, cuando me desbordo de gratitud al verte en un nuevo curso, de nuevo elijes que te acompañe, cuando digo que sí a tu propuesta y yo sé que no quiero hacerlo, cuando a pesar de que no me apetece acepto ese café y luego me enfado por tener que ir sin querer…tantas oportunidades para verme, reconocerme y aceptarme, sin querer cambiar nada, si desear que lo que está ocurriendo en ese momento se vaya (mi sentir), sin volverme loca tratando de entenderlo, sin buscar un porqué…sólo viéndome, aceptándome…soltando.

 

No te imaginas cuán liberadora es esta mirada. Vivir la vida observando, viviendo cada experiencia como una oportunidad para verme…sin tener que demostrar nada a nadie (ni siquiera a mí), sin tener que llegar a ningún sitio, sin tanto esfuerzo. Ahora comienzo a vivirme con más libertad, con Amor. Aunque el miedo siga y la rabia surja y la frustración y el tengo que y la exigencia y vuelva a aparecer esa Julia obediente…y vuelva a sentir la carga y me enganche a mis dramas…sé que la vida es esto, observar, ver (me), aceptar…y soltar. Sé que la vida es Presente. 

 

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