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Cambio no es transformación_Julia de Miguel

Soy madre y tengo un hijo, Matías y una hija, Valeria. También vivo con un compañero de vida, tengo un padre, un hermano y dos hermanas, amigas y amigos. Hombres y mujeres fantásticos, de los y las que admiro su sensibilidad en ocasiones, su ternura y su entusiasmo, en otras, su firmeza y su delicadeza, su capacidad de cuidar, de disfrutar…también su tenacidad, sus muestras de amor, su seguridad y confianza, la disponibilidad para colaborar, acoger, ir todos y todas a una cuando así lo consideramos. Lo admiro en ellos y ellas. Admiro su SER, me da igual su sexo, su forma, para mí lo importante, lo esencial, no se ve, está dentro.

Yo no quiero que mi hijo y mi hija crezcan en un mundo donde sigamos divididos, donde se luche por ganar batallas entre hombres y mujeres. Eso es lo que yo siento hoy. Queremos terminar una lucha, luchando. Queremos apagar un fuego y lo queremos hacer con fuego. Queremos terminar con la violencia, con la ira, con la rabia…con más rabia, ira, violencia.

Yo no quiero esto. Esto es absurdo e incoherente.

Y es que esto no va de hombres contra mujeres o mujeres contra hombres. Esto no va de sexos. Nos hemos quedado en la forma. En lo que vemos. Y lo que hacemos y está bien, muy bien, es tratar de cambiar las cosas. A través de leyes, de medidas de igualdad…muy necesario, desde mi punto de vista, pero si no  perdemos de vista que esto es un parche. Un parche importante mientras hacemos un proceso mucho más profundo, más lento, pero que hace que del cambio pasemos a una auténtica transformación de la sociedad. Y sociedad somos todos/as, tu y yo.

El cambio tiene que ver con la forma, es superficial, está bien, pero eso no va al origen, al desde dónde, a la lógica desde la cual estamos actuando. Para que realmente haya una transformación debemos de dejar de dar tanto valor a la forma y mirar hacia dentro. Como el gusano que para convertirse en mariposa debe pasar por crisálida. Ir hacia dentro, muy hacia dentro y así, poco a poco, a su ritmo, irá sintiendo la fuerza en sus alas, romperá esa membrana que sólo ella puede romper y llegará la transformación en mariposa.

Pedimos cambios a los demás, a los políticos, en la escuela, vamos hacia fuera, queremos responsabilidad, madurez…pero ¿estamos asumiendo nuestra responsabilidad y madurez cada una de nosotras y nosotros? Ser responsable, madurar significa acoger tus emociones, abrirte a ellas, tener la valentía y el coraje de abrirte a cada experiencia y todo el torrente emocional que te trae, sin proyectarla en el otro/a. Eso suele doler, dar vértigo…y eso es responsabilidad y madurez. En vez de eso, juzgamos, reprochamos, nos ofendemos, culpamos…en definitiva, en vez de asumir nuestro sentir, lo echamos fuera.

Queremos y pedimos una transformación, pero que lo hagan otros/as. Pues no. La verdadera transformación viene de dentro, de cada una de nosotras y nosotros. Es un proceso eso sí, lento, que no tiene resultados cortoplacistas, no se ve, es muy sutil. Pero de una profundidad y una verdad tan absoluta, que no se ve y sí se siente.

No quiero mundos divididos, no quiere víctimas y verdugos, ni verdugos convertidos en víctimas, ni víctimas convertidas en verdugos. Quiero un mundo de personas, de Seres que lleguen a integrar esa energía femenina y masculina, como Una.

Quiero un mundo de personas valientes que se manifiesten y expresen fuera lo que antes han acogido dentro. Personas que acojan la sensibilidad y la honren de igual manera que la fortaleza, la intuición y la acción, la firmeza y la fluidez, el cuidado, la colaboración, la determinación, lo amable y lo implacable…personas que acojan, que integren, que unan, que amen…que se amen.

La realidad, lo de fuera, es tan sólo el reflejo de lo de dentro. Cuando dejemos de maltrarnos con nuestro pensamientos, cuando en vez de proyectar y reaccionar a nuestro sentir, lo acojamos y nos responsabilicemos de esa energía, hagamos alquimia con ella, la transformemos a través de algo tan sencillo y a la vez tan complejo por nuestros automatismos, como sumergirnos en ella sin juicio, sólo observándola…cuando en definitiva ese amor hacia nosotros/as comience a brotar, el fondo, lo de dentro, trasformará la forma, nuestra realidad.

Eso requiere de consciencia, humildad, paciencia, práctica, mucha practica y sobre todo…AMOR.

 

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