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Aprendizajes de verano_Julia de Miguel

Pagaría por tantas cosas…pagaría por seguir escribiendo.  Aunque….Y ¿para qué escribo? ¿Para qué comparto lo que escribo?

Pues hasta ahora he compartido lo que escribo para que me validen, para que me vean. Porque para mí, que lean mis textos, que me digan que les ha gustado supone:

  • Que tiene valor, que aportan. Y eso hace que algo que a veces comparto con miedo pensando que es demasiado personal, escritos sinceros…resulta que sí, que gusta y tiene valor.
  • Publico porque lo que cuento es importante que lo lean, para “enseñar” a otros.
  • Que me ven, que ven mi trabajo. Que mi trabajo es bueno, que soy buena profesional.

Y desde aquí…pues la energía desde la que escribo y publico (si mi para qué son los anteriores, gustar, que me vean, que me valoren, incluso, enseñar a otros) es una energía de necesidad. Es decir, mis escritos llevan la marca del miedo y siempre faltará la autenticidad, la chispa, el entusiasmo. Esto es buscar fuera la energía para seguir viviendo.

Esto es no estar conectado, ser un “chupóptero” de energía. Esto es vivir con un enchufe en la mano, siempre pendiente de conectarlo a otro motor para que me de energía. Y si, yo confieso que he vivido así mucho tiempo. Sinceramente te lo digo. Buscando la energía de los demás para sentirme viva, valorada…manteniendo y dando mucha más validez a lo que hay fuera y apenas valorando y observando lo que vive dentro de mi. Buscando “conectarme” a lo de fuera…desconectándome de mí.

Ahora que lo veo, que soy coherente y sincera conmigo ¿Para qué sino escribir, compartir lo que me sale de las entrañas, lo que día a día voy descubriendo sobre mí? … ¿desde qué otro lugar puedo hacer esto?

Desde el entusiasmo. Desde la alegría de estar escribiendo esto para la persona más importante de mi vida: YO. Disfrutar de todo lo que este escrito me está aportando en este preciso instante. Estoy aquí, escribiendo, presente. Sin preocuparme si esto lo leerán o no otras personas. Es mi sentir, es mi verdad. Es para mí. Me apasiona escribir, hacerlo me permite ser más yo, conectarme a este silencio y este instante en el que estoy ahora, a través de la escritura puedo verme, descubrirme.

Al final, me doy cuenta de que la vida podemos vivirla como si fuera un juego…o una constante competición.

Si la vemos como una competición, viviremos siempre pendientes de los demás, comparándonos, exigiéndonos, juzgando(nos), midiéndonos con los demás, tratando de ser cada día más y más, y esto se torna lucha, competitividad, habrá ganadores y perdedores, vencedores y vencidos, separación.

Ver la vida como un juego es vivir desde mi centro, ser, disfrutar cada instante. ¿Como juegan los niños? Con entusiasmo, presencia, dándose en cada momento. Son genuinos, auténticos. No están pendientes de como juega su compañera de juegos, juegan y punto. Fluyen, no tienen expectativas y eso hace que su juego sea flexible, divertido, integrados. Brota la creatividad (“Y si ahora tu eres…” “y si en vez de correr ahora saltamos” “ y si con este palo y estas hojas ahora hacemos…”) Brota lo auténtico, la fluidez, la pasión. Y cuando terminan de jugar, a veces te lo cuentan, no para que les des tu aprobación, sino porque están tan contentos, tan conectados, que sin ninguna pretensión ni expectativa, tan solo por la ilusión de compartir lo que han vivido, te lo cuentan. No buscan que lo apruebes o que les propongas otro juego, ni que les digas que “ muy bien, han jugado fenomenal o muy mal por no haber hecho no sé qué”, solo quieren compartir su alegría y entusiasmo. Sin más.

¿Y que sientes cuando les escuchas? Su frescura, su chispa, su entusiasmo. Y eso es lo que hace que te encante escucharles, verles jugar, en definitiva, ellos, estos maestros de vida, te están conectando con tu entusiasmo, con tu motor. Al observarles a ellos “conectados con su motor”, te están enseñando a vivir como ellos.

Por eso nos atraen tanto las personas conectadas a su pasión: ellas saben jugar en la vida. Puede que te están hablando de como ellas colocan la pieza de un motor de un coche y a ti no te interese nada el mundo del motor, pero si esa persona te lo cuenta desde el disfrute y la pasión…te encantará escucharla, en definitiva, te llegará su energía de entusiasmo. Y eso es lo más atrayente y atractivo que una personas tiene, su energía de entusiasmo y pasión.

Y te sentirás agradecida a esa persona por que te estará mostrando, si sabes ver, el camino hacia tu propia conexión. Porque no necesitamos enchufamos a nada ni a nadie para tener luz, cada uno de nosotros y nosotras tenemos un generador interno, único, que hace que generemos nuestra propia energía, que brillemos con luz propia.

 

 

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