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Práctica, práctica y práctica_ Julia de Miguel

Seguramente ya lo sabes. Has oído hablar (y cada vez más y con más fuerzo) de la importancia que tiene en tu vida el “conócete a ti mismo” y con ello, el manejo y desarrollo de competencias que a mí me gusta llamar “vitales”, no sólo en el ámbito personal, también en el profesional, social, familiar…etc. Lo sabes, porque lo has escuchado muchas veces, te lo dicen por activa y por pasiva, estás de acuerdo con ello, que esto es lo que hace que vivas siendo tu mejor versión.

Estas competencias vitales son como los pilares básicos que hacen que toda estructura que se desarrolle después, a través de la vida y sus experiencias, sea auténtica, coherente, funcional y creativa.

Es muy probable que hayas leído mucho sobre esto, hayas visto vídeos en Internet, acudido a cursos, muchos cursos, leído frases en este sentido en el Instagram o Facebook, post de personas que te inspiran…Sabes y comprendes la importancia de gestionar tus emociones, de vivir siendo quien realmente eres, de ser tú misma, coherente, de amarte y cuidarte, de vivir con entusiasmo y creatividad, del poder de la empatía y la escucha auténtica. Incluso crees que efectivamente tenemos la capacidad de crear nuestra vida.

Si, lo sabemos, lo entendemos, pero…qué pasa en mi vida que me siento cansado, desmotivado, perdida, que parece que no avanzo, que siempre hay algo o alguien que no me deja estar feliz, que no consiga lo que quiero, me siento frustrada, apático…no me llena lo que hago…Sé que tengo que parar, sentir, dejar de hacer…pero la realidad es sigo llenando mis días de cosas que hacer, no tengo tiempo, ni ganas, ni energía.

Es normal que suceda esto. Y ¿sabes por qué?

Porque nos falta práctica y mucha. La “trampa” está en creer que aquello que ya entendemos, que tenemos intelectualizado y entendido a nivel mental, eso, ya está integrado en nuestra vida y no, no es así.

Para que aquello que en nuestra mente ya está claro y entendido, incluso aprendido, pase a integrarse en cada célula de nuestro cuerpo, para esto, se necesita práctica día a día. Es más, antes de esto es necesario una premisa: tener la intención hacerlo.
Y la intención es determinación, es vivir como si ya lo hubiese integrado en mi vida, es actitud.

Cada vez que en alguna sesión de coaching o curso de formación, alguien me dice, “si ya esto es muy bonito, pero es muy difícil” sé que no hay intención, que falta la actitud. Quizás no sea el momento para esa persona, pero si tiras la toalla incluso antes de empezar, es que realmente no lo quieres, no hay intención.

Muchas veces acudimos a cursos, charlas, leemos libros, pensando que con ese ratito de una o dos horas nos van a dar la herramienta mágica que hará que consigamos ese cambio que anhelamos. Incluso en cursos muy largos, si tu propósito es asistir, escuchar, y esperar al próximo día para seguir escuchado o experimentando algo allí y cuando sales, la motivación te dura el primer sueño, pues no, así no vas a conseguir cambios, no habrá transformación. Esto sólo es posible si eso que sabes, que ahora mismo te mueve, le pones práctica constante, día a día.

No es lo mismo saber qué son las emociones, tenerlo sabido, entendido, que poner conciencia en tu día a día en tu sentir. No es lo mismo saber que no es lo que hacemos, sino desde dónde lo hacemos a ponerte el cinto cada día antes de hacer algo y preguntarte ¿desde qué energía estoy actuando ahora? ¿para qué estoy haciendo esto? No es lo mismo hablar o leer que todos tenemos una parte divina, que nos conecta con quien realmente somos, donde están todas las mejores respuestas a nuestras preguntas, que conectar con ella cada día, soltar, soltar, soltar, recordándote cada día que confíes, que la mejor respuesta no está en tu mente, que llegará cuando sueltes. No es lo mismo saber que todo tiene un sentido, que cada situación que te pasa es para que aprendas algo de ti, que hacer ese ejercicio de responsabilidad en un momento de rabia o frustración cuando tienes a alguien delante de ti. Hacerte responsable de tu sentir en ese momento y de cómo responder a esa energía tuya, no del que tienes delante, eso es practicar en tu día a día.

Por eso las herramientas no funcionan, enseguida nos cansamos de ellas. Creemos que son ellas las que pueden hacer que algo cambie. Pues no, la herramienta siempre eres tú. Un bolígrafo puede hacer un texto sin nada que aportar o el poema más bello del mundo y la única diferencia es quien sostiene y da vida a ese bolígrafo.

La intención es la llama que enciende el motor del disfrute. Y es el disfrute el que te lleva a la práctica constante. Porque si no hay disfrute en el hecho de practicar, lo que habrá será esfuerzo. Y desde ahí, tarde o temprano, lo dejarás. Ese motor es de muy poca potencia para un cambio tan grande. Para que tu práctica sea continuada en el tiempo, el disfrute es tu mayor aliado.

Un niño aprende a caminar cayéndose, levantándose, vuelva a caerse…lo hace día tras días. Y ¿ves que sufre, que es para él un esfuerzo? Disfruta haciéndolo! Y no sufre porque no busca un resultado, tan sólo vive la experiencia de caerse, levantarse, tropezarse, dar un pasito, volver a caer…no se plantea que sea fácil o difícil, siente ese pulsar y lo hace, desde el disfrute.

Al igual que podemos disfrutar aprendiendo a esquiar, por ejemplo. Nadie aprende a bajar por una pista negra leyendo libros y libros sobre técnicas de esquí o vídeos de bajadas por pistas rojas, negras…sino que hay que ir a las pistas, aprender a ponerte los esquís, comienzas haciendo cuñas, primero sin bastones, luego con bastones, sigues por pistas de principiantes y así, practicando día tras día durante un tiempo, vas integrando posturas, como frenar, girar…la práctica hace que eso se vaya integrando en tu cuerpo de manera natural. Repito, la práctica.

Por eso, si a nivel mental ya lo tienes comprendido, si quieres que realmente haya un cambio, transformación, te toca entrenar, ponerte a practicar. Eso sí, tienes que activar tu paciencia y confianza. ¿Por qué? Porque nuestro cuerpo es lento. Bastante más lento que la mente, con lo cual, que eso se integre en tus células requiere de paciencia y confianza. Y aquí mucha gente abandona. Y digo yo ¿alguien con ir un día al mes al gimnasio pretende tener unos abdominales marcados?

Es por ello que te ofrezco este gimnasio emocional. Las “pesas y máquinas” que hay aquí las pone la vida, son tus experiencias en el día a día, ella es tu mejor plataforma de entrenamiento. Yo, te acompaño, como entrenadora, soy como una monitora que te acompaña en este entrenamiento. Tú tienes que traer intención, actitud, ganas y toda tu atención y energía puesta en disfrutar del entrenamiento.

¿Te apuntas?

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