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Hoja de ruta para un verano transformador_Julia de Miguel

Llega la época del año de las vacaciones por excelencia. El verano nos invita a salir más a la calle, disfrutar de la luz, del sol, pasamos más tiempo con nuestra gente, con los peques, amigos, la familia. Es un tiempo que invita a la desconexión, al cambio de rutina. Solemos viajar más, estar más en contacto con la naturaleza…de alguna manera (aunque no siempre) nuestro motor se ralentiza y tenemos la oportunidad de ir más despacio, en ocasiones de parar ese ritmo frenético en el que nos metemos el resto del año. Frenético y también automático.

El verano nos brinda la oportunidad de eso, de parar, bajar el ritmo…aunque no siempre lo conseguimos. Vivimos en un mundo tan conectado, con un ritmo colectivo tan alto, que al igual que una lavadora cuando centrifuga, necesitamos un tiempo para que esa “revolución” baje de intensidad, gradualmente, poco a poco. A nosotros, en especial a nuestra mente, le ocurre lo mismo. Nuestra lavadora mental ha estado funcionando a tantas revoluciones, que no nos va a ser tan fácil bajar ese ritmo, desconectar.

Yo recuerdo veranos  en la playa, donde me sentía rabiosa porque no era capaz de desconectar, de para mis pensamientos, de disfrutar del silencio, del no hacer, de tan sólo SER. Y ahora me doy cuenta de que lo que estaba activo en mí era la exigencia, el tengo que. Y esto, claro está, no te permite disfrutar del momento, sea el que sea. Sólo te instala en el juicio, en la frustración y en sentirte culpable por no tener la capacidad de eso, de desconectar. Y la culpa, es una emoción manipuladora, que te lleva a hacer lo que sea por volver a sentirte en paz. En definitiva, vuelves a activar esos programas de necesidad y las emociones brotan de nuevo con más fuerza. Se instala la queja, la rabia, la frustración. Y es como un círculo vicioso que en vez de salir de él, te mete más y más.

Esperar a que llegue el verano pensando que el mar, el pueblo, ese viaje planeado durante todo el año a esas islas soñadas,  las vacaciones en un hotel de lujo, en un velero o en el camping con la caravana o la tienda de campaña, aquello que más te llame, sea la solución a ese ritmo frenético, la pócima mágica para que se acalle tu mente, o en definitiva, para resetearte, tiene bastante peligro. ¿Peligro por qué?

Porque siempre que ponemos expectativas en algo, que nuestro foco está en ese resultado concreto, corremos el riesgo de que aparezca la frustración, la desilusión, ya que en muy pocas ocasiones las cosas suceden como nosotros esperamos. Ponemos el foco en el resultado porque tenemos la falsa ilusión de que somos nosotros los que controlamos la vida y esto, nos hace vivir en tensión, “vendidos” a las circunstancias externas.

Y así nos perdemos el disfrute de vivir el presente, lo que es en ese momento. Yo te invito a que este año te plantees tus vacaciones, tu tiempo de verano, desde otra perspectiva. Sin exigencias, ni juicios y a poder ser (y esto nos cuesta) sin expectativas. Teniendo en cuenta varios pasos:

  1. Nada de lo que está fuera, ninguna circunstancia externa tiene el poder de hacerte nada. Es decir, no es la montaña o el mar el que te da paz y calma, no es ese viaje a un lugar exótico el que te da libertad o te conecta con el amor, no son tus amigos los que hacen que disfrutes…nada externo te da nada. Pensar así nos hace dependientes de lo de fuera y estar a expensas de que si algo de esto nos falla, no vamos a poder lograr sentirnos en paz, serenos, libres, en armonía…. La montaña, el mar, un bosque, tu pueblo, los amigos, observar a tu hijo/a jugando, los viajes…son canales para que tú conectes con esa paz, calma, serenidad, disfrute, entusiasmo, libertad, etc…que está en ti, son Estados de tu Ser. Estos estados se dan cuando sales de esos programas de necesidad, juicio, exigencia, queja, deberías…y vuelves a tu centro, a tu conexión con la fuente, con lo que eres. Por ello, es genial disfrutar de todo lo anterior, eso sí, siendo consciente de que incluso aunque no estén esos canales, tú puedes conectar con todos esos estados que buscas en este tiempo de verano y de descanso.
  2. Activa tu observador. No se trata de juzgarnos ni machacarnos por no ser capaces de desconectar o vivir aquello que o bien nos hemos “impuesto” nosotros o ese inconsciente colectivo que aunque no seamos conscientes de ello, nos marca cómo deben ser las cosas. Si quieres vivir un verano transformador, anímate a tan sólo observarte sin juzgar. Poner tu atención en cómo estás, qué emociones brotan en tu cuerpo, cómo percibes lo que está sucediendo. Observar en un acto neutro, no hay juicio, ni carga. Una cámara de video no comenta lo que está grabando, ni lo juzga, ni crítica…sólo recoge lo que ve.
  3. Baja al cuerpo: ¡qué olvidado le tenemos a nuestro cuerpo! Y eso que las emociones, lo que sentimos, se producen aquí, en el cuerpo. Creemos que sentimos, cuando en la mayoría de las ocasiones, estamos tan desconectados del cuerpo, que tan sólo pensamos lo que sentimos, pero no nos abrimos a sentir. Nos cuesta acoger las emociones en nuestro cuerpo sin juzgarlas, sin querer quitárnoslas del medio porque no nos gustan. El problema es que no entendemos que sólo están ahí para darnos un mensaje, para guiarnos. Si, nos guían, son como nuestra brújula interna. El mayor mensaje que nos dan es que estamos percibiendo esa situación desde un lugar poco expansivo, de necesidad. Nos indican que en ese momento nos hemos ido de nuestro centro y hemos perdido el norte.
  4. Activa tu adulto: activar nuestro adulto significa asumir la responsabilidad de lo que sentimos. No somos responsables de las emociones que sentimos, se activan cuando percibimos lo que nos sucede desde programas de necesidad (no debería haberme dicho esto o lo otro, si no hago esto no van a quererme, tengo miedo de que me excluyan y sentirme sola, eso que ha dicho me ha hecho daño, esa persona es tóxica, me ataca constantemente, no voy a ser capaz, siempre quiere salirse con la suya, no me entienden, todo me sale mal, no soy tan buena como ella, por qué me pasa eso a mí, no me lo merezco, …etc) y SÍ somos responsables de qué hacemos con esas emociones. Mejor dicho, con la energía que son las emociones. Podemos utilizarla para echar balones fuera y accionar con esa misma energía llena de carga (lo cual nos traerá, como en un partido de tenis, respuestas con la misma intensidad) o podemos hacer alquimia de esa energía y convertirla en energía creadora. ¿Qué cómo se hace esto? Siendo consciente de que no soy exclava de mis emociones, que puedo observarlas y no reaccionar a ellas. Una vez que hago esto (todo un reto) esa energía comienza a quedarse libre de carga (la carga es una percepción disfuncional de lo que está sucediendo), ya que estoy dándome espacio, para que la intensidad de la energía baje. Es entonces cuando se produce la alquimia y puedo elegir enfocar todo ese caudal de energía (ahora limpia) en aquello que me entusiasma, en el disfrute. Esto sólo lo hace aquella persona que asume su responsabilidad y esto es ser maduro/a. Como ves, nada tiene que ver con la edad, más bien con la conciencia, la humildad y la responsabilidad.
  5. Disfruta: da frutos. Da lo mejor de ti en cada momento. Brilla con luz propia. Qué bonito suena, verdad? Y cómo ese hace? Yo pienso que el disfrute es algo gradual, que a medida que vas conectando con quien realmente eres, cuando las capas (de miedo y necesidad) que tapan tu ser van cayendo porque ya no las necesitas (ojo, que hasta ahora han sido necesarias en tu vida, déjalas que se vayan con gratitud) te vas permitiendo ser cada vez más tú, sin miedos. Y cuando el pasado y el futuro dejan de marcar tu manera de vivir, brota la alegría del presente, donde te DAS, eres, y DAS a los demás, lo mejor de ti. Y esa es la batería que hace que brilles sin necesidad de conectarte a nada ni a nadie, tan sólo estás en conexión contigo, con tu ser, fuente ilimitada de luz.

Si esto te resuena y te animas a ponerlo en práctica este verano, época que te ofrece un escenario amable para esta práctica, por la oportunidad de reducir el ritmo frenético cotidiano, la desconexión con hábitos muchas veces inconscientes, con la luz que hace que podamos VER con más claridad si ponemos consciencia, podrás incorporarlo a tu día a día después, en otoño, en inviernos, en primavera, en tu cotidianidad.

Aliados para llevar con éxito esta hoja de ruta:

  1. El silencio. Busca espacios que te permitan conectar con el silencio. Más que con el silencio externo, que también, con tu silencio interno. A esto puede ayudarte la meditación y también un paseo por la naturaleza, observar un paisaje bello, contemplar a un bebé dormir, ver volar a un pájaro o mecerte con las hojas de un árbol cuando el viento mueve sus ramas, escuchar el sonido de las olas del mar…todo aquello que baje el volumen de tus pensamientos y te lleve a ese lugar de silencio acogedor, que te envuelve en una sensación inmensa de plenitud y bienestar. Eso sí, no quieras conseguir esto el primer día, practica, sé amable y paciente contigo, confía, disfruta de cada día, sin juzgarte. La vida es un camino, avanzamos con la práctica, con paciencia y actitud.
  2. Tu cuerpo: muévele, siéntelo, agradece a cada parte de tu cuerpo, es tu templo sagrado. Cuídalo para ti, amalo como es, es perfecto. Si en vez de exigirle y machacarle, le escuchamos y agradecemos, él te responderá con salud, alegría, armonía. Baila, muévete, estírate, descansa, escúchale. A través de él sientes, experimentas, te conectas con la fuente. ¡Cuida de él.
  3. Respira. Conéctate a la vida, a la abundancia, a través de tu respiración. A mí me gusta decir a los niños, cuando doy talleres de gestión emocional, que tenemos un super poder que nadie nos ha ensañado y que es el poder más grande que un super héroe puede tener: el poder de la respiración. A través de ella podemos hacer que todo cambie, que yo cambie. Un poder que siempre nos acompaña, que nos conecta con la vida, con la fuente, tan sólo poniendo atención en ella, bailando con su ritmo, acompañándola, observando la capacidad de transformación que tienen el simple acto de mecernos en esa acto de inspiración expiración que nos conecta con cada célula de nuestro cuerpo, nos trae al aquí y ahora, el lugar desde el cual brota nuestra más sabia guía de vida.
  4. Experimenta la vida, atrévete a vivir, a meterte en el barro de cada experiencia, sólo así aprenderás, entenderás el sentido, el para qué de esa experiencia. Vívela, deja que te atraviese cada emoción que la experiencia te traiga y hazlo con conciencia. Vive mirando la vida como una excelente entrenadora, que te trae las experiencias que necesitas para seguir creciendo, madurando. Por encima de resultados, objetivos, expectativas, la vida sucede ahora, aquí, en el presente.

 

Haz de tu verano una oportunidad para viajar hacia dentro, conectarte con tu energía creadora, brillar con luz propia.

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