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Me apasiona mi trabajo. Llevo tiempo dedicada a acompañar a padres, madres, profesorado en todo lo referido a la educación emocional. Y cada vez veo con más entusiasmo, que la inquietud por esta nueva forma de mirar la educación crece a pasos agigantados. Son muchas las voces de personas que apuestan por otra forma de educar, las salas se llenan cuando el tema es la inteligencia emocional en el aula, la innovación educativa, el desarrollo del talento…o cuando una persona de referencia en el mundo educativo llega a tu ciudad, escribe libros, imparte conferencias. 
Esto es fantástico, es una forma de inspirar, motivar, conocer, estupenda y necesaria. Y esto no es mas que un comienzo, lo demás, lo importante, depende de lo que estamos dispuestos a hacer, experimentar, después de haber leído ese libro tan bueno, escuchar esa conferencia tan inspiradora, descubrir cosas de mí que no sabía…En el momento en el que estamos, ya no podemos quedarnos como meros observadores o “asimiladores” de información. No podemos quedarnos tan solo con la etiqueta o con eso de “si,si,la educación tiene que cambiar”, “hay que innovar”…el “hay que” es impersonal, hace que echemos balones fuera y nos lleva después al “si, pero..:”. Y con eso nos quedamos. Seguimos acudiendo a eventos, conferencias, libros, escuelas de padres, formaciones para profesorado…y aunque cada vez somos mas, nos falta algo. Nos falta convertirnos en auténticos “activistas” de aquello en lo que creemos y que queremos. Pasar de ser personas pasivas, observadoras críticas de la realidad, a protagonistas, agentes de cambio. Si, tú, que me estás leyendo, tú que crees que como padre, madre, que en tu cole, no puedes hacer nada porque ” es imposible”, “no te dejan los de arriba” “es un cole grande y esto solo se puede hacer en coles pequeños” “tienes compañeros que pasan de esto” “no tienes tiempo” “no sabes cómo…” tantos y tantos “es que…”
Para mí ser “activista” no significa salir a la calle a protestar y ya está, el activismo que yo quiero, empieza en lo simple, en lo pequeño, en el día a día, empieza contigo, en ti. 
Ser activista significa que cuando algo de lo que hayas escuchado, leído, esa propuesta que alguien ha lanzado, esa palabra que te ha tocado, que por alguna razón sientes que va contigo, cuando estés en casa con tus hijos/as, o en clase con tu alumnado, la pongas en práctica. Y empieces por ti. 
Cuando eso que sientes que va contigo, eso en lo que crees, que nace de ti y te habla cuando eres capaz de conectar con tu sentir, lo pones en práctica, lo experimentas, empiezan a pasar cosas “mágicas”. 
Muchas veces, en las formaciones que imparto, veo personas que conectar y sintonizan con lo que estoy compartiendo, otras se mantienen más incrédulas, o no comparten nada de lo que exponemos…y yo sólo les digo que no me crean, que tan sólo algo de lo que les ha llegado, lo experimenten, lo pongan en práctica, porque lo sienten así, sin expectativas. 
Esto es para mí lo más importante, la acción, experimentar. Cada vez que miramos hacia dentro, que comenzamos a hacer algo diferente, sentido, estamos dándonos la oportunidad de conocernos un poquito más, de expandirnos, de aprender. 
Y no sólo eso, sino que además estamos comenzando a ser personas autoreferentes, siguiendo nuestro sentir, lo que yo siento que tengo que hacer, lo experimento en mi cuerpo, me hago cada vez más sabio/a…y esto hace que empiece a empoderarme, a sentir que puedo, que sí está en mi mano cambiar, que realmente el cambio viene de mí y que soy mucho más poderoso/a de lo que creía. 
Solo hay que vencer dos obstáculos
Uno de ellos es el de no creer en el valor de lo pequeño, de esas acciones sencillas, esas que forman nuestro día a día, esas tienen un valor incalculable. Pero nosotros nos dejamos cegar y nos quedamos obnubilados mirando los grandes proyectos, esas personas que consideramos sabios…esos sí son proyectos, esos sí que saben…qué voy a hacer yo ¡quién soy yo…o mi colegio…comparado con ellos/as!
Si hay algo que limita y hace pequeña a una persona es la comparación. Compararnos con los demás nos paraliza, nos debilita, nos deja fuera de juego. No hemos venido a este mundo a ser como nadie, no somos ni más ni menos que nadie, somos. Y si en vez de estar mirando a otros lados fuera (conocer experiencias y personas que hacen cosas que nos gustan es fantástico, nos inspira, pero no podemos dejar que nos paralice o nos haga sentir incapaces) comenzamos a mirar dentro, ahí vamos a encontrar el camino que nos hará brillar, avanzar, compartir, colaborar, nos dará la fuerza necesaria para ponernos en camino hacia aquello en lo que creemos. 
El otro obstáculo es la inmediatez. Queremos resultados ya, inmediatos. Sino es que esto no vale, no me sirve. Es este mundo de prisas y resultados ya, no tiene cabida este activismo que te propongo. Y es que este es un camino de confianza, que se va construyendo a pulso, día a día, avanzando, cayendo, volviendo a levantarse. Es un camino donde los pasos que se dan se vuelven sólidos, confiados y se dan a un solo ritmo, el tuyo. Para luchar contra esa inmediatez que nos saca hacia fuera, que nos aleja de los sueños (aunque en un principio parezca todo lo contrario) toca vivir con humildad, confianza, mirada interna y mucho, mucho Amor. 
¿Comenzamos a ser activistas? en lo pequeño, en lo sencillo, en lo importante. 
Si te animas a ello, me encantaría que lo compartieras conmigo. 
GRACIAS!

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