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Fotografía de Elena Shumilova
En todo el tiempo en el que llevo acompañando a padres y madres en este precioso camino que es educar, siento que hay una emoción que siempre está presente en estos encuentros: el miedo. Miedo a no ser buenos padres, madres, a no saber hacerlo “bien”, a no enseñarles aquello necesario para que sean felices, a no tener herramientas que ofrecerles, a equivocarse…juicios y más juicios que nos llevan a sufrir, a vivir con miedo…y esto nos carga, nos vuelve exigentes con nosotras/os y con nuestros hijos e hijas. 
Cuando no somos conscientes de esos miedos, lo que hacemos es tratar de sentirnos seguras/os buscando respuestas fuera: nos llenamos de información, leemos y leemos, compramos verdades sólo por el hecho de que las personas que lo dicen creemos que saben mucho más que nosotras/os…y en esta búsqueda, nos sentimos cada vez más confusas, perdidas. ¿Y sabes por qué? 
Porque cada vez nos desconectamos más y más de nuestra verdad, buscamos escuchar las voces que nos darán las soluciones e indicaciones adecuadas para educar a nuestros hijos e hijas y hay tanto ruido, que no podemos escuchar la única voz que nuestros hijos e hijas sienten como verdadera, aquella que sale de tí, de tu conexión con tu esencia. Nuestros hijos e hijas nos piden autoreferencia, verdad, la nuestra, la tuya. ¿Y esto cómo se hace? 
Siendo sinceros, radicalmente sinceros y reconociendo que en muchas ocasiones tenemos miedo, sentimos rabia, nos gustaría desaparecer…es decir, reconociendo nuestro sentir. No hemos venido a este mundo a moldear ni a hacer personas como nosotros pensamos que deberían de ser en un futuro, nuestros hijos e hijas ya SON, nuestro papel como padres y madres, único y casi nada, es el de acompañarles en ese camino a SER. Pero para eso, el paso previo es hacer ese camino nosotras/os primero o mejor dicho, junto a ellos. Las mayores herramientas para la vida están dentro de uno/a, las descubres cuando dejas de buscar fuera y comienzas a mirarte, a observarte sin tanto juicio, a escucharte, a sentirte, a amarte. Cuando empiezas a tomar conciencia que nadie como tu sabe lo que en ese momento tu hijo/a y tú necesitáis, porque en ese momento ESTÁS con ella, presencia. 
Y con esto no digo que no sea fantástico escuchar a expertos, aprender de otras personas, leer, informarse…si así lo sientes, claro que sí, adelante! Mi propuesta es que no compres verdades a nadie, que antes de que eso pase a formar parte de tu manual para educar, lo pruebes, lo escanees por tu propia piel, lo experimentes contigo y con los tuyos…y a partir de ahí, veas qué sucede, lo cojas o lo dejes en base al único criterio sabio y válido: el tuyo. Eso es autoreferencia, Desde ahí podemos acompañar a nuestros hijos, les estamos enseñando a ser ellos también, autoreferentes, coherentes, auténticos. Y no hay nada que les llegue más, que sientan como más auténtico, que nuestra verdad. Ese es el mejor GPS para la vida, para la tuya y la suya. Desde ahí crearemos relaciones auténticas, íntegras, de verdad. 
Te propongo que en este tiempo de vacaciones que está por venir, te permitas conectar con el manual que aporta más sabiduría a tu vida, como mujer y como madres…Ese manual tiene las hojas fabricadas con silencio, el título lleva tinta del color de la presencia, las tapas del manual están hechas de observación sin juicio, el índice no se lee, se escucha y las letras…pues no hay letras, este manual se escribe a cada instante, cada vez que surge la magia del sentir, de la conexión contigo y con tus hijos, cada vez que acompañas su frustración y a la vez sostienes la tuya, que te arrodillas para mirarle a los ojos y acompañar sus lágrimas, sin decir nada, tan sólo ofreciéndole un pañuelo…sin hacer nada y diciéndole tanto…que estás ahí, que respetas y acompañas su sentir, que aceptas y honras lo que le sucede y lo que sientes tu, porque ese es el camino de la autoreferencia. 
Acompañar con presencia, conexión, escucha. Con un paso previo: conectar, sentirme, escucharme primero yo. Desde ahí surgirá la conexión, la empatía, la sabiduría para dar el siguiente paso, la comunicación integradora con mi hija, con mi hijo. Desde ahí surge el auténtico AMOR. 
No se me ocurre regalo más precioso para tí y tus hijos/as estas Navidades. 

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