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No nos han enseñado a sostener emociones. En este mundo en el que necesitamos etiquetar todo lo que pasa, lo que nos pasa, también hemos puesto etiquetas a lo que sentimos. Las emociones las juzgamos (al fin y al cabo eso es una etiqueta, un juicio) como “buenas” (alegría, entusiasmo, tranquilidad, cariño, ilusión…) o “malas” (rabia, tristeza, frustración, miedo, decepción, desilusión…) incluso “tóxicas” (envidia, celos, culpa…). Todas ellas, todas, son tan sólo química que se desencadena en nuestro cuerpo como consecuencia de cómo interpretamos lo que nos ha sucedido en ese momento. Los pensamientos, creencias que están instalados en nosotros son ese mapa desde el cual vamos interpretando todo lo que nos sucede.

Hay creencias de las cuales somos conscientes que están ahí, se han ido formando en nosotros desde que nacemos, vienen de las interacciones con nuestros padres, del colegio, la sociedad en la cual vivimos…todo ello hace que vayamos interpretando, juzgando, lo que nos va sucediendo en nuestra vida. Pero esta parte consciente es tan sólo un 5% de lo que somos. EL otro 95% está formado por creencias inconscientes que son las que realmente dirigen nuestra vida y generan en nosotros/as ante acontecimientos que nos suceden, emociones que muchas veces no alcanzamos a entender porqué se producen.  Estas creencias forman parte del pasado, todas ellas, con lo cual no nos permiten vivir actualizados, sino que  hacen que vivamos anclados al pasado, a lo que ya fue. Y así nos pasamos la vida queriendo ser auténticos, genuinos. Pero esto sólo podremos hacerlo, si conseguimos vivir más allá de esas creencias obsoletas, actualizándonos en cada momento, resignificando esto que nos ocurre en este instante, dándole un sentido genuino, basado en el momento presente, no es creencias pasadas, antiguas.

Somos un universo del cual tan solo hemos conquistado unas cuantas estrellas. Y ¿sabes cual es la llave para seguir la re-conquista? Las emociones. 

Son ese hilo conductor que si somos capaces de seguir nos llevará a esa creencia antigua, obsoleta que está marcando y creando en mí ese estado de contracción, esa química en mi cuerpo. Eso son las emociones, química. Con lo cual, toda emoción, cuando es validada, escuchada, me convierte en conquistador/a de otra estrella más en mi universo. Esa estrella o creencia inconsciente saldrá a la luz, me permitirá ver desde dónde estoy interpretando lo que sucede y desde ahí, dar al botón de “actualizar” para resignificar desde mi verdad.

Por eso, cada vez que en vez de atrevernos a conquistar una emoción, sintiéndola hasta el final, buscamos soluciones para dejar de sentir eso que etiquetamos como “malo” o “tóxico” nos estamos quitando la posibilidad de seguir descubriendo estrellas de nuestro universo. Estamos  evitando vivir actualizados en el aquí y ahora y esta es la única forma de ser seres auténticos y genuinos.

Cuando como padres o educadores queremos trabajar con nuestros hijos/as la inteligencia emocional, tenemos que ser conscientes de que el primer paso, el más importante es aprender a sentir, a acompañar nuestras propias emociones. Sólo así nos comprenderemos mejor, experimentaremos la importancia real de acompañar las emociones, sin dar soluciones, sin buscar salidas de urgencia para evitarlas, y comprobaremos en nuestra piel lo que significa sentirse sentido, respetado, escuchado. Y sólo desde esa comprensión, podremos acompañar a nuestros hijos en su sentir, le estaremos brindando la plataforma para permitirle Sentir-se, para que él o ella también comience a conquistar las estrellas de su propio universo.

¿Quieres acompañar tu emoción? 

1.       Conecta con tu respiración y escucha lo que está ocurriendo en tu interior 
2.       Expresa lo que estás sintiendo, pon palabras a esa emoción 
3.       Permítete escuchar la emoción, déjala drenar, salir, hasta el final 
4.     Cuando la intensidad de la emoción baje y tu respiración vuelva a ser normal, desde ese estado de quietud, puede que sea momento de tirar de ese hijo…y conquistar estrellas.

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