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Nunca antes habíamos tenido tanta información acerca de cómo educar a nuestros hijos e hijas y aún así, nos seguimos sintiendo perdidos,desconcertados e incluso frustrados/as como padres y madres.Buscamos recursos, manuales para educar, herramientas que nos permitan ser mejores padres y madres y en esa búsqueda hacia recursos externos, se nos olvida que el mayor GPS como padres y madres está dentro de nosotros y nosotras.


Recuerdo cuando me quedé embarazada de mi primer hijo, Matías. Leí todo lo que caía en mis manos sobre embarazo, cómo criar los primeros años, qué hacer si llora mucho, si no come o no duerme…cientos de libros que además, dependiendo de quien los escribiese lo único que hacían era que no tuviese nada claro. Pero poco a poco, Matías y yo fuimos estableciendo un diálogo, una comunicación profunda, cómplice, donde ya no hacían falta manuales. Cuando llegó Valeria, algo leí. Pero ya no fue desde la necesidad o el miedo a no saber…leí lo que me apetecía y no fueron libros de crianza, sino que en ese momento leía libros de desarrollo personal. Así poco a poco me fui dando cuenta de que era mi “estar con ellos” lo que me permitía comprenderles, sentirles, esa conexión guiaba mis pasos. 

No sé en qué momento se pierde de nuevo esa confianza en esa “presencia” donde están todas las respuestas, pero yo la perdí. Dejé de estar “on line” y volví a conectar con el día a día de vértigo, con mil cosas que hacer, con la mirada hacia afuera…y apareció de nuevo la culpa, la frustración, la sensación de no ser una buena madre. 

Y es que, si a todos esos programas que llevamos incorporados y que nos exigen ser madres y padres perfectos, añadimos todos esos manuales, artículos, conferencias, consejos de vecinas, amigas…etc. que nos dan recetas mágicas para llegar a convertirnos en esto, pues la frustración y todo lo demás, está servida. 
Yo he estado (y sigo estando) ahí, mucho tiempo. Y a la vez, con la llegada de Matías y después de Valeria, comenzó un camino de autoconocimiento, de comenzar a mirar hacia dentro, que hoy sigue, poquito a poco, cada vez con más consciencia. Algo que voy observando y que comparto en las escuelas de padres y madres que imparto, es que cada vez necesito menos leer o que me den fórmulas o herramientas para educar a mis hijos. Porque estoy aprendiendo a buscar y consultar en el único manual que puede servirme; el que está dentro de mí. 
Claro que es genial leer sobre educación, inspirarse, ir a congresos, escuelas de padres…pero eso que allí te resuene, sientas que está en sintonía contigo, no lo compres así como así, escanéalo en tu piel, experiméntalo para ver si lo sientes, se va contigo. Ponlo en práctica y escúchate, siéntete y si lo decides, quédatelo, sino, sencillamente no es tu momento, eso no os sirve a tu hijo/a y a tí hoy. 
Y es que tenemos dos opciones: leer, buscar información, herramientas, desde la más pura necesidad, porque creemos que no sabemos, que estamos perdidos. O hacerlo desde la confianza de saber que todo lo que necesito saber ya está en mí, que las respuestas que mi hijo/a y yo necesitamos en cada momento están aquí y ahora, salen de mi. Así esa opción de leer, de compartir, no viene desde la dependencia y la necesidad, sino desde la libertad. 
Esto es ser autoreferentes. Nadie como tú y tu hija/o sabe lo que en cada momento, en cada situación, ambos necesitáis. Por encima de “deberías”, de valores o creencias, está este momento, este encuentro único entre tu hijo/a y tu, donde están todas las respuestas. Pregúntate qué necesitas tú en este momento y qué necesita tu hija/o. Esta será la mejor respuesta, sale de tí, de tu ser. Y es allí donde está toda la sabiduría.
He comprendido que mis hijos no son juguetes o maquinas con manual de instrucciones (que por cierto, se leen y se ponen en marcha para que ese juguete o máquina haga lo que yo quiero que haga), son Universos únicos, irrepetibles, a los que en lo único (y es el mayor regalo) en lo que yo puedo acompañarles es a escucharse, sentirse y vivir en autoreferencia. 
La próxima vez que tu hijo/a haga algo que a ti no te guste, un comentario que vaya en contra de tus valores…y tu le digas que eso no es así y le sueltes por ejemplo un discurso acerca de lo malo que es usar la tablet o querer ser princesa…acompáñalo a descubrir qué hay dentro, para qué quiere ser princesa, qué siente cuando juega en la tablet…a través de las preguntas, podemos hacer que nuestros hijos/as se escuchen, que tú conozcas más sobre su forma de ver la vida  (y te salgas del juicio) y poco a poco, ellos y tu utilicéis el manual de la Autorefencia como el más potente, sabio y útil. 
Poniendo en práctica sus instrucciones aprenderás a soltar expectativas, exigencias, deberías, juicios y serás consciente de que esto de educar tiene mucho más que ver contigo, con mirarte, escucharte, sentirte, vivir en coherencia, que con tus hijos/as. Ellos te seguirán, aprenderán de ti, mirarán dentro cada vez que tu lo hagas…y es así como le estarás entregando la llave más valiosa, la de vivir en libertad,. Y es que no hay mayor libertad que la de mirar hacia dentro, descubrirte y vivir cada día un poquito más desde tu autorefencia, desde tu auténtico poder personal. 

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