Blog

Elena Shumilova
Dicen que la madurez llega con los años y yo creo que eso no es siempre cierto. Depende de lo que entendamos por madurar, claro. Yo siento que como madre, en muchas ocasiones no he actuado con madurez y que son mis hijos, con 5 y 7 años, quienes son en ocasiones más maduros que yo. 
Y es que para mí madurez no significa sólo años vividos, madurez significa coherencia. Y tiene mucho que ver con nuestro sentir. Una persona madura es aquella que toma conciencia de lo que siente en cada momento, lo acoge, lo observa y no lo juzga, ni quiere que desaparezca, tan sólo es capaz de acompañar eso que siente, sin culpa, se queda ahí, sintiendo. 
Hacer esto, aceptar y reconocer lo que sentimos es un acto de sinceridad con una misma, un sincericidio. ¿O acaso no cuesta reconocer como madre que hay momentos en los que sientes rabia, frustración, culpa, cuando tus hijos no te escuchan, no cumplen con tus expectativas, o simplemente no haces aquello que te apetece porque primero están tus hijos…o al contrario, decides hacer eso que siempre has deseado, pero un sentimiento de culpa inunda tus tripas, tu pecho, tus ojos que se llenan de lágrimas? 
Vamos tan deprisa que no nos paramos a sentirnos y si lo hacemos y salen a la luz estas emociones, las queremos hacer callar con pensamientos como “eso no debería de sentirlo” “cómo puedo sentir esto…” ” qué egoísta soy, primero mi hijo, ya lo haré cuando crezcan…” Todo esto nos aleja de lo que realmente sentimos, nos desconecta. Y cuando esto sucede, dejamos de ser coherentes y aunque no lo creas, ni lo digas, tus hijos lo sienten. Porque no son nuestras palabras, ni siquiera nuestros actos lo que llega a nuestros hijos, sino nuestra energía. Les llega esa energía de rabia, de frustración, de madre sufridora, víctima, esa que hace todo por sus hijos, lo primero, por encima de su necesidades…y cuando no somos coherentes, ni sinceras con nosotras mismas, lo que llega al otro es lo contrario a lo que queremos. Sólo siendo coherentes con ese sentir, al reconocerlo y sentirlo, se hace la magia de la alquimia, la emoción se calma y es entonces cuando soy libre de elegir desde dónde hablo a mi hijo/a. En ese instante de conciencia está mi auténtica libertad de decidir si actúo o no con madurez. Y cuando no hay coherencia…cuando lo que sentimos no está alineado con lo que pensamos y con nuestras acciones, la vida no fluye. 
Madurez significa también asumir que lo que sentimos es responsabilidad nuestra. Que nada ni nadie tiene el poder de hacernos sentir mal ni bien. Que nuestros hijos e hijas no “nos” enfadan, ni nos amargan el día, ni nos cortan nuestra libertad…lo que sentimos, cómo percibimos lo que sucede en nuestro día a día, no sólo con nuestros hijos, también con el jefe, mis amigas, compañeras de trabajo, mi madre o hermanas…todo lo que sentimos depende de cómo lo percibimos nosotras/os, es nuestra responsabilidad. Asumir esto, dejar a un lado la víctima y tomar las riendas de tu vida es madurez. Y en la sociedad en la que vivimos, donde está tan de moda eso de las “personas tóxicas”, esto no vende mucho. 
Nuestros hijos e hijas necesitan madres y padres maduros, que vivan despiertos a su sentir, reconociéndolo, atreviéndose a observar eso que sienten en cada momento, sin juzgarlo, sin querer cambiarlo. Sabiendo que esa emoción trae información sobre ellos, sobre lo que perciben que está sucediendo y que nada tiene que ver con los otros. Cuando te das ese espacio para sentirte y observarte, cuando metes oxígeno antes de reaccionar o ocultar tu sentir, estás haciéndote responsable de ti. Y si además actúas siendo coherente con lo que sientes, eres, estás enseñando a tu hijo y hija a vivir desde su verdad, a madurar, a ser responsable de su sentir, de su ser. 
¿Merece la pena ponerlo en práctica, verdad?

Nuestros hijos e hijas, que no juzgan tanto lo que sienten, que están conectados con sus emociones, que son auténticos, genuinos, ellos son auténticos maestros para nosotras/os en este arte de madurar…qué paradoja eh? tan pequeños y a veces, cuando les dejamos Ser, tan maduros.  Maestros de Vida.

Deja un comentario

Your email address will not be published.