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Hoy comienzo una serie de artículos en los que quiero compartir contigo lo que voy aprendiendo como profesional dedicada al mundo del coaching, a acompañar a padres, madres, profesores durante un tiempo ya largo, como alumna siempre abierta a aprender y experimentar y sobre todo, quiero compartir contigo mi experiencia como madre de Matías, de 6 años y Valeria, de 4. 
Durante este tiempo he observado que hay un punto de inflexión en mi vida y que de manera absoluta está cambiando mi forma de vivir la maternidad, del que hoy quiero hablarte. No ha sido un momento puntual, ni ha ocurrido así de repente, sino que es algo que poco a poco va sintiéndose con mas fuerza en mi interior y esto está haciendo que mi forma de vivir, de actuar, de ser, esté cambiando. 

Ese punto de inflexión tiene que ver con un cambio de paradigma: Vivir conectada a mi Ser. 
Y es que la función más grande que tenemos como madres y padres con respecto a nuestros hijos e hijas es conectarnos, para ayudarles a ellos y ellas a conectarse. ¿Qué quiere decir esto? 

Conectar con una misma significa vivir desde la coherencia, la autenticidad, la autoridad que da ser soberanas de nuestra vida. Significa dejar a un lado creencias que nos limitan, que están instaladas en nosotras de manera incluso inconsciente, pero que determinan y nos llevan a actuar de forma que nos hace ser incoherentes con nuestro sentir, con aquello que realmente somos. Vivimos víctimas de creencias que vienen incluso de un inconsciente colectivo que nos hace creer que ser buena o mala madre es esto o aquello, que una madre debe de ser… (Seguro que se te ocurren miles de cosas), y si no somos conscientes de toda esta programación instalada en nosotras, lo que llega después es la culpa. Nos sentimos culpables por amarnos y poner nuestras necesidades por delante incluso de las de nuestros hijos e hijas, por tener un proyecto profesional que implica horas de trabajo que deberíamos dedicar a nuestros hijos/as o por no estar trabajando y entonces sentir que no valemos, que estamos desperdiciando nuestra vida…Tantas y tantas creencias que sólo traen culpa, frustración, miedo a no ser perfectas (o como los demás dicen que es la perfección) al qué dirán si no seguimos el camino establecido y nos salimos de lo bien visto.

Conectar significa dejar todo esto de lado y recuperar nuestro poder personal. Conectar supone vivir conforme a nuestro sentir. Cuando conectamos con nuestro Ser, comenzamos a sentir que sí sabemos, que más allá de creencias y condicionamientos, lo que yo necesito en este momento, sólo yo lo sé. Que lo más importante para vivir con autenticidad y coherencia, para ser una madre real (no perfecta) es seguir lo que mi corazón me dice. Eso implica valentía, coraje y amor. 

Cuando somos capaces de hacer esto, de acompañar a nuestros hijos e hijas desde nuestra conexión, empoderadas, estamos mostrándoles y enseñándoles a ellos y ellas a hacer lo mismo. Todas las respuestas que necesites están dentro de ti. Es verdad que hay muchas veces en las que como madre o padre puedes sentirte perdido y no sabes qué hacer con tu hijo e hija, te apoyas en libros que te dicen lo que hacer en estos casos, buscas opiniones de expertos, acudes a artículos en internet… esto puede ayudarte…y no hay fórmulas mágicas, ni aplicables a todos por igual. Existen momentos únicos, personas únicas, situaciones concretas que no tendrán fórmula que aplicar. Lo importantes es que en ese momento conectes con tu grandeza, sientas tu poder, te sientas y desde ahí, desde esa conciencia de lo que en ese momento está sucendiendo, buscando claridad con respecto a lo que en ese momento quieres con respecto a tu hijo e hija, actúes.
Esa acción será coherente, auténtica. Ni mejor ni peor. Será una acción que llevará un pulsar energético al que tu hijo e hija responderá. Y te aseguro que si esa energía es coherente, auténtica, poderosa, la respuesta de tu hijo o hija también lo será. Le estarás enseñando el mayor de los poderes, el de conectar con su poder y dar alas a su grandeza. 

Tu hijo, hija, no necesita una madre o un padre perfecto, sino Real, Coherente, Conectado a su sentir, a su grandeza. 

¿Comenzamos este viaje? ¿Me acompañas?

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